Tibios, timoratos y sapos

Históricamente, un importante porcentaje de políticos, activistas y figuras públicas han guardado las formas en Ecuador o, como dicen algunos, han actuado “políticamente correcto”, sin embargo en esta década esas formas se han agudizado y evidencian tres tipos siniestros de personajes quienes ocupan los lugares estelares: los tibios, los timoratos y los sapos.  En conjunto, estos personajes han contribuido para que las viejas prácticas políticas se renueven y refuercen en términos de componenda y arribismo, además la participación de los ciudadanos en los partidos y los movimientos sigue siendo muy pobre como dicen los datos del Latinobarómetro de los Américas. La política atraviesa un desprestigio enorme con contadísimas excepciones.

En la oposición y en el oficialismo hay tibios, timoratos y sapos. Los tibios se pueden convertir en timoratos y los tibios y los timoratos pueden terminar de sapos como explicaré adelante. Todo dependerá de los intereses que persiguen a corto, mediano y largo plazo, pues la idea de todos es el ascenso fácil, ágil  y a costa de cualquiera, y para ello no les importa salvar su imagen, el prestigio y la trayectoria, si es que –en algunos casos- lo han tenido. Adelante menciono algunas características de cada uno…

Los tibios se caracterizan por actuar “políticamente correcto”, es decir no están acá ni allá, no son de aquí ni tampoco de allá. Por lo general, nunca se pronuncian de manera clara ni contundente. Son aquellos que dejan en “libertad a la militancia” para que decida, contrariando los más mínimos requisitos de la democracia interna en una organización política como el debate. Este tipo de actuación se explica, porque tratan de ubicarse en la mitad, en el falso justo medio artistotélico. En este mismo grupo están quienes dijeron -en la segunda vuelta- que no les gustaba el uno y tampoco el otro, olvidándose que esa situación fue el resultado de las preferencias electorales expresadas después de la primera vuelta, es decir del desastroso papel que cumplieron los mismos partidos a los que pertenecen. Como son tibios, justifican sus decisiones porque “llaman a la sensatez”, cuando no hay ninguna sensatez en la tibieza. Y otros, por cierto, dicen que no opinan porque están retirados de la política. También son tibios, quienes dicen “que no hay cómo desconocer el kilometraje de las nuevas carreteras, porque eso es más importante que los insultos de todas las semanas por parte del Jefe”.  Incluso, los tibios cantan al Che Guevara, a pesar de que el Estado es acusado de transgresor de los derechos humanos por parte de sus propios pares del mundo y de los organismos internacionales como Naciones Unidas. Otra característica de los tibios es que actúan dentro del ceremonial y el protocolo, guardando las formas para que nadie juzgue sus presentaciones en medios de comunicación o en espacios públicos. En las redes sociales postean cualquier cosa, pero les da miedo encarar sus propias publicaciones digitales.

Los timoratos son quienes en la jerga popular se les conoce como “ahuevados” y, por lo general, encuentran una infinidad de pretextos para evitar pronunciarse en público acerca de su malestar sobre muchos temas. Son los que dicen, que… “no queda más que seguir trabajando”. Son también aquellos que manifiestan estar asqueados de tanta corrupción, pero evaden hablar del tema si eso pone en riesgo alguna amistad o alguna “chaucha” con olor de consultoría de miles de dólares. Cuando tienen la guita en sus manos, los timoratos se olvidan de la corrupción. Pero también, los timoratos son campeones para el chisme y la circulación de rumores. Por lo general, cuando se les pregunta por qué no dicen sus cosas en público se hacen los locos y cambian de tema. A estos se les encuentra gritando en los pasillos de los partidos políticos apoyando a sus líderes, pese a que están en contra de sus decisiones. También huyen del debate, porque dicen que en la política se debe calcular, como si todo fuese asunto de sacar un ábaco. Cuando más de arriesgan los timoratos se convierten en tibios. También los hay en la academia, porque “defienden el proyecto” más allá de que sea democrático o no.

Los sapos son los ñañones, los mijines, los panas, los yuntas de todos. Están en todos los gobiernos, son asesores de todos los políticos, dan vueltas en todos los cargos como carrusel porque dicen que son “técnicos” que dominan la materia, pero ¿de qué materia hablan?… de la argolla, indudablemente. Para los sapos, el interés está por delante de cualquier acción del país, por eso no dudan en cambiarse de camiseta, en desayunar en la mañana con Dios y merendar con el Diablo.  Para los sapos, la corrupción es relativa, todo es relativo.

Por todas estas causas es imperioso dar vida a nuevas organizaciones políticas, en donde quienes lideren tengan credenciales éticas de sobra, méritos comprobados y, sobre todo, que su honra esté delante de cualquier “proyecto” o “chaucha”…

 

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Libertad de expresión atrofiada

Libertad de expresión atrofiada

La libertad de expresión de un país refleja el estado de salud de su democracia.En este sentido, un Estado que transgrede las libertades, los derechos y las garantías que gozan los ciudadanos en materia de pensamiento, opinión, expresión y prensa corroe y desvaloriza la democracia. Y de manera concomitante lo hace con los profesionales que ejercen actividades de comunicación y periodismo, así como también con los medios. Es decir, el problema sobrepasa al ejercicio que puede vivir la prensa, pues la libertad es consustancial al ser humano.

En el tercer Examen Periódico Universal de Naciones Unidas, en donde los Estados plantearon recomendaciones a sus pares en materia de derechos humanos, nuestro país recibió 182 recomendaciones por parte de 27 países de 83 participantes en tres rubros, principalmente: libertad de expresión, independencia de la justicia y los derechos de asociación y participación. Respecto del primer aspecto se identificó las riesgosas figuras que tiene la Ley Orgánica de Comunicación (LOC) y el ejercicio subjetivo de sanción que realizan los organismos de control contra periodistas y medios, que para este caso no son los medios públicos, ni los incautados y peor aún los del Gobierno. Una vez más, la comunidad internacional enciende una alerta sobre el estado de la libertad de expresión. Resulta urgente abrir el debate sobre figuras que constan en la LOC como el linchamiento mediático, el interés público, el interés general, el derecho de rectificación, la conformación de la SUPERCOM y la CORDICOM, entre los aspectos más relevantes.

Basta recordar que al calor y la efervescencia de la segunda vuelta electoral, los dos finalistas hicieron ofertas acerca de la LOC. El candidato opositor dijo que se debía eliminar, mientras que el candidato proclamado como Presidente reconoció en algunas entrevistas que esta ley debía ser reformada, porque “era una obra humana”, entonces algo anda mal; sin embargo la gota que derramó el vaso y abrió una vez más la polémica fue la sanción que impuso la SUPERCOM a siete medios, porque no reprodujeron una nota del periódico Página 12 sobre presunciones contra Guillermo Lasso acerca de los paraísos fiscales sin probar que esa nota haya sido contrastada, verificada y que carecía de intereses electorales como establece el Código de la Democracia.

La libertad de opinión está atrofiada y merece restitución urgente, caso contrario la democracia corre riesgo.

 

Vuvuzelas y etiquetas

10 de abril de 2017

Durante estos 10 años se ha modelado con mayor consistencia la sociedad del doble estándar, sin que ello desconozca que siempre estuvo entre nosotros, pero ahora se manifiesta con progresiva agudeza por la evidente polarización. ¿Y cómo se expresa? De manera cínica, porque las cosas, las acciones y las palabras son valoradas como buenas, perdonables y de “buena fe” solo cuando alguien las dice y son malas cuando su rival las hace. De aquello, hay cientos de ejemplos. Para muestra varias botones. Ayer un montón de revolucionarios fueron activistas y fervorosos golpistas cuando se trató de derrocar al loco Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez, incluso algunos llegaron a la función pública como ministros y se enorgullecieron de su “gesta heroica”, ahora ellos mismos denuncian, censuran e, incluso, llaman incendiarios a quienes exigen que la autoridad electoral cumpla con lo que establece el Código de la Democracia. Habría que señalar que las protestas no piden la cabeza de Presidente como en la década de crisis entre 1995 y el 2005, sino que se agoten los recursos legales y que para bien del ganador, sea quien sea, todo sea transparente. Es decir, cuando la oposición sale a las calles hay que tocar las vuvuzelas y cuando lo hace el oficialismo hay que tocar las dianas.

Ayer, cientos de forajidos avivaron a Radio La Luna cuando su locutor estrella abrió los micrófonos para decirle “hijo de tal y cual” a Lucio Gutiérrez, sin embargo no dicen nada cuando el Gobierno utiliza diariamente todos los espacios mediáticos para hacer propaganda por su candidato,  además algunas radios de la capital abren los micrófonos para que insulten al binomio opositor. ¿No sería más coherente que la revolución ciudadanía brille por la ética y no por el uso de los recursos del Estado, que lo terminan convirtiendo en Estado-candidato? La oposición también tiene su parte en esto, ya que durante los últimos 10 años no pudo escapar del estilo autoritario del Presidente y cayó en la trampa de la descalificación, el insulto y la mala fe. En otras palabras, se configuró una situación de suma cero, en donde no hay cabida para la negociación y la posibilidad de ceder posiciones en procura de un mejor Ecuador. En eso, oposición y oficialismo juegan a lo mismo.

Los líderes populistas como Abdalá Bucaram usan en su discurso la figura de la polarización como elemento de reivindicación clasista. El loco acusa a las oligarquías como la culpable de todos los males, en este sentido los pobres tienen la chance de enrumbar la historia a su favor si votan por el candidato del pueblo. León Febres Cordero fue célebre cuando etiquetó a los votantes de Bucaram como prostitutas y marihuaneros, situación que restó apoyo a Jaime Nebot en la segunda ocasión que perdió la presidencia. Este juego es viejo en la historia, pero muy peligroso, pues la lucha encarnizada de posiciones nos conduce a marcar fronteras, conversaciones, amistades y hasta familiares. Para un facebooker resulta una desgracia que lo bloqueen o que lo bombardeen con opiniones contrarias. Y en esta elección se desnudó la polarización en el uso de las redes, etiquetando peyorativamente a Lenín Moreno como marioneta de Correa y a Lasso como banquero corrupto. Provocaba risa ver la actuación de algunos  internautas más papistas que el mismo Papa, más correístas que Correa y más lassistas que Lasso.

Ayer, figurativamente hablando, un investigador (dedicado al mundo de las encuestas) afín al Gobierno fracasó en su exit poll cuando el Gobierno consultó en el 2011 acerca de un conjunto de reformas sustanciales a la Constitución en la modalidad de referendo + plebiscito, sin embargo no pasó nada pese a su error de ocho puntos y que se jugaba la permanencia o el cambio del sistema de justicia, ahora que una empresa de opinión pública entrega otros resultados en la segunda vuelta quieren “crucificar” a su propietario. Es decir, cuando ellos se equivocan todo vale y se tocan las dianas, cuando los otros se equivocaban hay que aplicar las vuvuzelas.

Como ya dije, la estrategia del doble estándar no es nueva, pues los viejos partidos que retornaron a la vida política-electoral actuaron bajo esa misma dinámica. La dirigencia de la ID en las últimas elecciones para la segunda vuelta dejo a sus militantes en libertad entre la democracia y el autoritarismo, pero en libertad de conciencia. Nunca fue más ambigua y de doble estándar la política de la ID. Asimismo, sucedió cuando Rodrigo Borja salió a recoger firmas a favor de su partido en una acción estrictamente política, pero dijo que estaba retirado, dictando conferencias. Meses antes de la primera vuelta, el PSC atacó con furia a Lasso y luego cerraron filas para apoyar su candidatura en la segunda vuelta. Ahora, ellos se desmarcan. Lo mismo hizo el antiguo PRE, ahora FE. Ni qué se diga de Avanza, que nunca definió su postura con claridad y no sale del trauma de su derrota al no haber conseguido ni un solo legislador. La sombra de González pesó y aniquiló. Y así se podrían mencionar cientos de perlas que contribuyeron a que la situación llegue a etiquetar al contrario.

El reto del nuevo Gobierno no solo será escabullirse de la sociedad de la etiqueta, sino sepultarla y comenzar a evaluar los hechos con la misma vara, no vaya a ser que se agudice la polarización y los viejos amigos que antes se saludaban cambien de vereda por evitar mirarse.

PD. Titulé el artículo como vuvuzelas y etiquetas, porque la FIFA prohibió el uso de este instrumento para el mundial de Brasil 2014, debido al daño que puede causar al oído. Es un artefacto ensordecedor, pero paradójicamente se permitió su uso en el Estadio Olímpico Atahualpa para acallar los gritos de “fuera correa fuera” en el partido que perdió la selección nacional contra Colombia el 28 de marzo por dos tantos a cero. En ese partido fue evidente la sociedad de la etiqueta.

Bye, bye…

 

 

 

 

 

 

 

El debate que nunca fue

¿Por qué el candidato que cuenta con todo el aparataje del Estado y, además, el respaldo de la tecnoburocracia no acudió al debate? Simple. Después de 10 años, la realidad no es la misma y tampoco puede disfrazar con bravuconería su sentido del humor. El carisma del mashi tampoco es transferible y, además, la gente está agotada del estilo autoritario. Por otra parte, hay dos factores que explican este momento: en lo económico, la máquina gubernamental ya no recibe el aceite que echaba a caminar la aceptación gubernamental, es decir la caída de los altos precios del petróleo creó una burbuja de promesas como subir los bonos y regalar casas, mientras que en lo político, el compañero de fórmula de Lenín le hace un flaco favor, pues sobre él se han posado las miradas de sospecha por las denuncias de corrupción dentro y fuera del país, debido a su responsabilidad política, ética y técnica al frente de los sectores estratégicos.

¿Acaso Lenín se siente tan seguro de ganar las elecciones al punto de dejar con los churos hechos y la bata alzada a millones de espectadores que esperaron por lo menos un debate? ¿O será, acaso, que a los debates no se puede llevar los teleprompter, esas pantallitas que permiten leer con destreza hasta los más absurdos discursos sin que la gente se percate? En fin, no se logra comprender qué entiende el Gobierno por democracia, si uno de sus elementos constitutivos es la deliberación pública, la confrontación de tesis en un escenario que propende a la igualdad de condiciones en la competencia electoral. Un debate representa la posibilidad de que los electores adviertan las fortalezas, debilidades, aciertos, demagogia, histrionismo, autenticidad de los candidatos. ¿La ausencia de Lenín favorece a Lasso?

¿Por qué Lenín desperdició la oportunidad de encarar a Lasso y decirle que es el culpable de todas las desgracias y feriados, incluido el de Semana Santa? ¿O será, acaso, que el informe elaborado por Eduardo Valencia es tan contundente que le deja sin piso al discurso gubernamental acerca del feriado bancario? ¿Por qué tanta inseguridad del Gobierno si se cree ganador? Esta campaña ha desbordado no solo pasiones, sino el más descarado uso de los medios públicos e incautados en los últimos 10 años. Esto nos advierte la necesidad de cambiar la manera como operan los medios públicos y plantear las siguientes preguntas: quiénes deben estar al frente de estos, cuál debe ser su estructura, qué sectores de la sociedad deben integrar sus directorios, qué agenda informativa debe producirse y sobre la base de qué criterios.

¿Por qué en otros países debe haber un mínimo de tres debates como en los EE.UU.? ¿Quiénes los deben organizar? ¿Qué reglas del juego se deben concertar y respetar? ¿Con qué recursos se deben llevar a cabo? ¿Quién debe moderar el debate? La ausencia de Lenín en su propio debate, es decir en el organizado por la Red de Maestros afín al Gobierno, no solo alienta sospechas acerca de su capacidad de respuesta y propuesta, sino también desconcierta a quienes lo miran como una posibilidad de representación política. Cómo se explica que Lenín no asista a ningún debate si repite hasta el cansancio que tiene toda la experiencia para dirigir un país tan complejo como el nuestro.

La sociedad necesita reencontrarse y eso es posible a partir de sincerar sus aspiraciones, demandas, intereses y proyecciones, y eso se logra -en gran medida- con debates. Solo así es posible advertir similitudes, diferencias, complementariedades. Por eso, señor Lenín Moreno, usted queda en deuda con los ecuatorianos que queríamos mirar qué grado de realidad hay entre la invasiva campaña del Estado y su desenvolvimiento en espacios ciudadanos donde no hay influencia de Alianza PAIS.

Qué se juega en estas elecciones

En estas elecciones se juega la continuidad de un sistema político o la configuración de uno nuevo, en donde haya la posibilidad de la alternabilidad en el poder, la independencia de funciones del Estado y una participación ciudadana no condicionada, pero también la lucha contra la corrupción y la progresividad de los derechos, sin que ello suponga que los sociales y económicos diluyan o menoscaben las libertades de opinar y expresarse.

https://youtu.be/9LXr-86I9nI

 

De #capayaleaks a Pedro Delgado

Las denuncias de corrupción contra el Gobierno desbordan redes sociales y las conversaciones de pasillo. Estas elecciones se han convertido en un hervidero de acusaciones de todo tipo. La sospecha es la tónica. En este contexto, ningún candidato está exento de ser grabado en cualquier momento desafortunado y convertirse en el meme de la semana. Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) revalidan la sociedad del espionaje, la sociedad del gran hermano. Nadie está a salvo de nada y nada permanece oculto.

Los #capayaleaks imprimieron una dinámica nauseabunda, en donde el prófugo se puso en lugar de denunciante, en un escenario que delata el enojo entre los compadres (Presidente y exministro de Hidrocarburos) y que al calor de la “borrachera por el poder” todos terminan embarrados. Pero, las denuncias de CAPAYA no son nuevas, pues el activista político Fernando Villavicencio lo viene advirtiendo en sus reportajes, libros e intervenciones en los medios. En otras palabras, CAPAYA validó y confirmó el papel de Villavicencio, quien ahora habla desde la clandestinidad. De ser ciertas todas las denuncias acerca del sector petrolero, no solo se expone al descubierto las debilidades de una economía rentista que se desploma fácilmente cuando caen los precios del petróleo, sino que además se evidencian las fragilidades de las instituciones de control y el sistema de justicia, que por cierto está integrado por personas afines al Gobierno.

Tan enrevesada está nuestra política que el prófugo ahora es héroe y el Fiscal saliente no termina de darse cuenta que los denunciados (y perseguidos) por el Gobierno tienen más pruebas que él. Siendo irónicos, Fernando Villavicencio hizo las veces de Fiscal y CAPAYA termina consolidándose como informante clave que rompió el silencio e hizo públicas sus diferencias con el mandatario, pero tardíamente como muchos otros. La estrategia del oficialismo, en ese cóctel de propaganda y cinismo, ha sido desmarcar al mashi de CAPAYA y de Pedro Delgado Delgado, pero las fotos y la amistad que les unía fue tan pública que ese relato no cabe y. menos aún, se sostiene. Por primera vez, el aparato de propaganda de la revolución ciudadana está en la cuerda floja, porque no solo le cuesta generar distractores adecuados, sino también mantener la aceptación del Presidente, que si bien ha caído sigue siendo alta después de 10 años. Solo así se explica que Lenín haya pasado a la segunda vuelta.

Después de esta historia truculenta de denuncias, parecería que el binomio oficialista no fue lo suficientemente golpeado, porque en otro momento de la historia ecuatoriana las calles se hubieran transformado en un polvorín tumba presidentes y el binomio no hubiera llegado a la segunda vuelta. Sin embargo, cabe enumerar las siguientes situaciones: 1) el Gobierno no es infalible como en su mejor momento, pero sostiene un capital político que le permitió un bloque de 74 legisladores y llegar a la segunda vuelta con dos pésimos candidatos, el uno que no dice nada y el otro que prefiere estar escondido por las denuncias de corrupción en su contra, 2) el Gobierno sufrió una revés, porque ya no tiene mayoría calificada en la Asamblea, pero sí absoluta, 3) un gran porcentaje de la población se volcó por otra alternativa aunque no le guste porque el deseo de cambio es más fuerte, 4) Lenín Moreno no tiene el arrastre de Correa y Glas es su peor karma, 5) los organismos de control y el sistema de justicia no se inmutaron ante la presión social y, más bien, apostaron por la procastinación.

Pero la historia no termina ahí, pues las declaraciones de Pedro Delgado, exgerente del Banco Central, abrieron el espectro a denuncias en otros ámbitos como el cobro a los deudores de la banca, el no cierre de la crisis bancaria-financiera y la relación de la función Ejecutiva con la Fiscalía y la Corte Constitucional. Una vez más se hizo evidente que el país necesita independencia de las funciones del Estado y que el mecanismo de designación debe replantearse, so pena de que cualquier Gobierno con mayoría pueda controlar el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, desde donde se nombran las principales autoridades.

La fresa del pastel de este capítulo fueron las declaraciones del exgeneral de la Fuerza Terrestre, Luis Castro, quien afirmó que rompió la cadena de custodia en el día de las elecciones, situación que confirmó los rumores de las desavenencias entre un sector de los militares y la revolución, sobre todo con el ministro de Defensa, Ricardo Patiño.  Este precedente le resta legitimidad a las elecciones y abrió un cráter para las dudas. La ciudadanía reforzará el control electoral.

A días de elegir al binomio, el sistema de comunicación del Gobierno conformado por medios públicos e incautados, no ha escatimado esfuerzos en posicionar la idea de  que Guillermo Lasso es el banquero responsable de la crisis de fines de los 90 e inicios del 2000. Este manejo mediático abre el debate acerca del papel que deben cumplir los medios públicos en el ámbito informativo y en la necesidad de que estos rindan cuentas sobre el uso de sus recursos (que son de todos los ecuatorianos) y el diseño editorial que desarrollan. Nadie sabe cómo validan contenidos y agendas periodísticas.

Restan pocos días de campaña, en una órbita electoral en donde todos pueden ser sospechosos de cualquier cosa, convirtiéndose en chivos expiatorios o los memes de la semana… Seguramente, CAPAYA estará preparando su próximo vídeo y agradeciendo a su informante clave conocido como “Topo”.  Lo propio Pedro Delgado.