#NosFaltan3

El presidente, Lenín Moreno, tuvo que reconocer un secreto a voces: la seguridad atraviesa por un estado de indefensión. Basta recordar algunos vergonzantes hechos como los helicópteros DRUV que se cayeron, los radares inoperativos y el obsoleto equipamiento de las Fuerzas Armadas, sin perder de vista el intento permanente de los revolucionarios por fracturar las relaciones entre oficiales y voluntarios, además de haber desviado las tareas de Inteligencia en la pesquisa contra la oposición y periodistas, cuando la Inteligencia debe alertar los riesgos del crimen organizado.

Ante el secuestro de tres periodistas en la frontera norte, Lenín tuvo que decirlo en otras palabras: una década de ideologización de la seguridad al calor de cantos estridentes en homenaje al Che Guevara mientras la zona de frontera era presa fácil de quienes no aceptaron ni tampoco se adscribieron al proceso de desmovilización de las FARC-EP. El Presidente, en palabras más y palabras menos, dio crédito a las advertencias que los expertos en seguridad habían manifestado desde que se inició el proceso de diálogo y paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y los líderes de la guerrilla. Ecuador iba a ser afectado, no solo por la desmovilización de los grupos subversivos, sino también por la escasa presencia del Estado ecuatoriano y colombiano en los dos lados de la frontera.

Es necesario recordar que por el ministerio de Defensa han pasado un sinnúmero de funcionarios sin experiencia. La revolución ciudadana acomodó a sus amigos en estos cargos de enorme responsabilidad sin haber dimensionado los efectos propios de un mundo demandante de respuestas al crimen organizado, a las guerras de cuarta generación, a las dinámicas fronterizas en territorios completamente pauperizados. Pese que acá no se logró imponer en el Ejército el grito de “patria o muerte, qué viva el socialismo del Siglo XXI” como en Venezuela, sin embargo las Fuerzas Armadas tuvieron una relación agria, inconforme y distante con el Gobierno.

Las recetas están a la orden del día, pero la más sensata es que el Presidente seleccione a personas expertas en Seguridad, Defensa y Relaciones Exteriores en los ministerios y que redimensione el papel del periodismo en la calidad de la democracia.

 

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