Lenín, va y viene

Lenín Moreno trata de desmarcarse, pero la intrincada red correísta le retarda, a ratos le apretuja y provoca en su comportamiento político contradicciones, sin que ello desconozca la dificultad que supone para cualquier político salir del modelo autoritario y de lealtades creadas por parte de la revolución ciudadana, los que ahora son descalabrados por las denuncias de corrupción. A ratos todo parece teatro. Sin embargo, ese comportamiento del Presidente es ciertamente explicable, porque fue parte del anterior Gobierno durante 10 años y en algo le debe afectar desmarcarse. En su intento de ganar legitimidad en varios sectores y edificar su propio símbolo, no solo debe superar el modelo mesiánico de su antecesor, sino que tendrá que cortar de un tajo lo terrorífico que significó en varios aspectos el correísmo, como la falta de independencia de las funciones del Estado gracias a ese monstruo del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), la transgresión permanente de los derechos humanos y la política de incentivos selectivos para los militantes de PAIS como si este movimiento fuera el Ecuador. Error. Los estrategas de la revolución ciudadana confundieron el Estado con el partido y administración de la cosa pública con marketing electoral.

Entre las contradicciones evidentes de Moreno se encuentran mantener una parte del equipo económico anterior o, acaso, está buscando el momento propicio para decirles bye bye. Otra que tampoco se explica es la presencia de Ricardo Patiño como consejero político y la propuesta de que Alexis Mera sea embajador de la misión diplomática más importante para el Ecuador, pues EE.UU. es nuestro principal socio comercial. Parece que el Presidente prefiere mantener la mesa coja, tambaleante y sin ninguna estética, antes que abrirse un frente brutal de correístas en contra suyo y provocar un golpe, pues nadie garantiza que el llamado a la muerte cruzada, sea por iniciativa del mandatario o de la Asamblea, signifique que gane Lenín, pese a que su aceptación ha ido en incremento como lo anuncia, incluso, la empresa CEDATOS, a la que se sigue un proceso judicial en su contra por los resultados entregados en las últimas elecciones a boca de urna.

En la lucha contra la corrupción, la urdimbre es complicada de destrabar para Lenín Moreno sin que ello lo justifique por las siguientes razones: a) el Frente Anticorrupción del Gobierno no tiene credenciales de independencia, pues el Gobierno es juez y parte, b) el Gobierno debía apoyar desde el inicio de su mandato a la Comisión Nacional Anticorrupción, sin embargo no lo hace porque sus miembros han denunciado a figuras claves del Gobierno anterior del que Moreno fue su vicepresidente, c) el falso espíritu de cuerpo de la bancada legislativa de PAIS ha demostrado que está fuera de sintonía con la mayoría de la población y sigue obstaculizando la fiscalización, d) no se logra comprender el papel del Presidente de la Asamblea, pues parecería que no está del lado de Correa ni tampoco del lado de Lenín, sino del suyo propio, e) es incontenible la avalancha de denuncias de corrupción de todos los sectores, es decir Moreno no puede tapar el sol con un dedo. En este escenario, habrá que observar como los jueces develan si hubo o no en los últimos 10 años independencia interna y presiones externas. Está a prueba “la metida de la mano a la justicia” y el espíritu de cuerpo de sus monaguillos.

En lo económico, las medidas para paliar el déficit fiscal y todo lo que significan los compromisos que el Ecuador debe honrar siguen siendo un acertijo, pues hasta el más ingenuo sabe que esto no se resuelve con la disminución de los salarios de una capa alta de los burócratas, tampoco con la venta de un avión presidencial ni con la subasta de los bienes que administra Inmobiliar. Por lo tanto, la receta económica sigue estando en la zona de opacidad. Un gran porcentaje de Ecuador clama por trabajo en una época, en donde nunca antes hubo un porcentaje tan importante de jóvenes que conforman el bono demográfico.

De la política internacional,  los tropiezos son evidentes, pues el actual embajador ante Naciones Unidas y excanciller, Guillaume Long, hizo un pobre papel el año pasado como representante del Estado en el Comité de Derechos Humanos en el análisis del cumplimiento del Pacto de Derechos Civiles y Políticos y mucho peor fue su actuación en el Examen Periódico Universal (EPU) este año. Ni qué se diga de la postura del Gobierno ante Venezuela, pues si bien el Presidente “algo dijo”, todavía no hay contundencia en contra de la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela.

Por el otro lado, el ala dura del correísmo sigue con excitación los enlaces digitales de su líder, aunque cada vez sea menor el impacto, la sintonía y el poder de persuasión, pues el expresidente ya no tiene  el control de los medios públicos e incautados. Correa en su laberinto y Moreno tratando de anidar. La fragilidad de PAIS se hace cada vez más evidente, pues se comprueba hasta la saciedad que todo giraba alrededor del autoritarismo del mashi presidente.

Hay mucho trecho por recorrer y agua que tendrá que pasar y hasta tanto la justicia no opera de manera oportuna, eficiente e independiente…

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