Sensación de agobio

Opacidad y agobio. Así se puede calificar lo que sucede en Ecuador. El deseo de ver a los delincuentes cumpliendo las sanciones que estipula la ley es un clamor general, pero las instituciones dilatan las decisiones, porque la urdimbre que tejió el correísmo sigue siendo difícil de penetrar y desbaratar. Ahora se entiende, porque siempre fue importante el pedido que hicimos varios sectores de la ciudadanía acerca de contar con funciones del Estado que sean independientes, que siempre fue necesaria una lógica de controles, pesos y contrapesos entre el Ejecutivo, la Asamblea, el sistema de Justicia, la función Electoral y la pirueta ideológica de la función de Transparencia y Control Social y su engendro el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS). La Comisión Anticorrupción estima un perjuicio al Estado de siete millones de dólares diarios durante 10 años, no solo por las implicaciones en el caso de Odebrecht, sino también por un conjunto de contrataciones en varios sectores.

Este desbordamiento de las denuncias de corrupción en contra de altos funcionarios de la Revolución Ciudadana (RC), debido al papel de la prensa internacional  así como de quienes lo vienen haciendo desde hace años y que ahora son perseguidos pues deben cargar grilletes “posmodernos” en los tobillos evidencia que la estructura del Estado creada en la Asamblea Constituyente del 2008 adolece de democracia por: a) el hiperpresidencialismo, b) la idea de controlar, regular, vigilar e intervenir en la participación política y c) la incapacidad de fortalecer las organizaciones políticas (partidos y movimientos). Lo anterior bajo el cuento de “ciudadanizar la política” y “despartidizar las funciones del Estado”. El saldo de esta pirueta ideológica mal llamada revolución fue el monopolio de la representación política por parte de Alianza PAIS en todas las funciones del Estado, el endurecimiento del asistencialismo en una época de bonanza petrolera y la judicialización de la política para quienes estuvieron en contra y denunciaron las barbaridades del líder populista y su orquesta de lambones que soportaban las reprimendas en las insultadinas de los sábados.

Ecuador está al borde de inundarse de tanta corrupción. Esto nos llena de frustración y también de cierta impotencia por la manera cómo se administra la justicia y el deplorable ejercicio de los organismos de control, así como por la defensa injustificable que hacen los fanáticos del populismo revolucionario con el estribillo de las “carreteras”. Es indignante hasta la coronilla como militantes, simpatizantes, afiliados, funcionarios de PAIS defienden, bajo un equivocado espíritu  de cuerpo, la corruptela con el cuento de que “todos los gobiernos anteriores robaron e hicieron menos obras”. Estos fanáticos no se dan cuenta y, seguramente, nunca leyeron el plan originario de su partido, en donde la revolución ética era uno de los pilares de quienes se catalogaron como de “manos limpias, corazones ardientes y mentes lúcidas”.

Por ahí alguien muy querido me decía que los delincuentes podrían estar sufriendo por sus conciencias, a lo cual le respondí que en el arribismo y las patologías mafiosas operan otro tipo de principios y lealtades, ya que  están en juego intereses económicos y que –además- cuando hay una guerra entre las facciones de la “secta”, las consecuencias pueden ser devastadoras porque se llevan todo y a todos por encima. Incluso, alguien advertía que esta es una guerra entre quienes tienen “rabo de paja”.

Esto demuestra, entre otras cosas, la tesis de la maldición populista, pues salido el líder de la escena se provoca el desmoronamiento de su proyecto, debido a que no hubo renovación de liderazgos, era el único que procesaba los conflictos entre las diferentes facciones y les tenía a la raya a sus funcionarios porque asumía el rol de padre y “castigador”. Ahora los altos cargos dejan de responder a las lealtades móviles y se evanesce la personalización de la política que aseguraba a los lambones protección y jugosos salarios.

El primer saldo de la guerra entre las facciones es la emisión de boletines de prensa lacrimógenos, pues los militantes de PAIS llaman a la unión, al dialogo, a la paz, cuando las denuncias de corrupción superan los niveles de tolerancia ciudadana.

En este contexto, la oposición no ha podido configurar un liderazgo que represente y sintonice con el hastío de la población, sin que ello desmerezca los valiosos esfuerzos de un grupo de mujeres asambleístas. PAIS juega a ser oficialismo y oposición, es decir monopoliza una vez más la política y deja un margen impredecible de acción para quienes eran opositores del correísmo. ¿Cuál es el desenlace de todo esto? Un clima de antipolítica y el deseo de oxigenar el Ecuador. Eso tardará tiempo, pero llegará.

Y para variar, el Gobierno apoya a Nicolás Maduro y su trucha Constituyente… ¡PLOP…!

 

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