El país se fue al carajo

Las redes transnacionales de la corrupción y el delito de cuello blanco y corbata se instalaron en Ecuador. Las operaciones de Odebrecht demuestran como un segmento de políticos, sus operadores y los organismos que designaron a las autoridades de control desmantelaron la dignidad nacional. Estos elementos integran una red, pues sería ingenuo creer que la corrupción es un acto de algún extraviado que impone su tesis de manera espontánea. Una de las primeras lecciones es que desde hace algunos años se presentaron denuncias contundentes por parte de varios actores y sectores que el poder omitió e, incluso, persiguió a los denunciantes a cuenta de la burda teoría de la conspiración, el estribillo de la bronca contra la izquierda  y el supuesto daño que la derecha quería infringir a los gobiernos progresistas. Solo a manera de digresión, resulta que los gobiernos del giro a la izquierda están embarrados de corrupción hasta la médula como el de los Kichner, el chavismo y el de Lula de quien se esperaba la configuración de un líder de talla mundial. La revolución ciudadana parece que no se vacunó contra la corrupción.

Desde hace 10 años, un gran segmento de la población entontecida con la propaganda gubernamental extravió su atención ante las denuncias de corrupción que pasaron a un segundo plano, porque la obra civil se tomó el país en la figura de carreteras, puentes aeropuertos… Entre las ironías de todo este proceso es que los inocentes resultaron perseguidos e, incluso, la Comisión Anticorrupción sufrió la vieja práctica de la judicialización de la política. Las “profecías” de CAPAYA, Fernando Villavicencio, Abdalá junior, Andrés Páez y de la misma Comisión se convirtieron en apocalípticas para un nuevo Gobierno que carga con el karma de no ser aceptado por la mitad de los ecuatorianos y que hereda varios colaboradores de la década “ganada” (entre comillas). Limitado margen de maniobra para Lenín Moreno.

La segunda lección es que ninguna democracia saludable soporta la concentración de poderes. ¿Cuál es el resultado de que las autoridades de control sean escogidas por un grupo afín al gobierno de turno (Control de Participación Ciudadana y Control Social)? La hecatombe. Es como si la bombas de Hiroshima y Nagasaki hubieran caído, pues reparar este daño llevará años. La restauración de la confianza en el sistema político es lenta en cualquier país, peor aún si hubo una devoción ciega hacia quienes administraron los recursos, además que cimentaron una polarización social sobre la base de un discurso que enfrentó a segmentos de la población por sus condiciones socioeconómicas y también partidistas.

Uno de los aspectos que no podemos pasar por alto es la lentitud y la opacidad con la que actuó el anterior Fiscal, pese a que en otros países, en donde se produjo el mismo fenómeno hubo mayor celeridad en la administración de la justicia. El Perú es un caso admirable. Su actual Presidente tuvo los “huevos” para decretar la muerte política a quienes sean encontrados culpables de corrupción, es decir hasta ahí les llegó la vida proselitista a los delincuentes disfrazados de políticos. Y en Ecuador no sucedía nada, peor aún si estábamos en campaña. Si se conocía la lista, el candidato del oficialismo estuviera fuera.

Estas bombas atómicas con revestimiento político que han caído en varios países de América Latina abren las puertas para cuestionarnos como sociedad, es decir por qué no participamos más en política y de esa manera evitamos que gente indeseable, indecente y repudiable llegue a administrar los (sagrados) recursos públicos. Este momento es la coyuntura más favorable para hacer un baño de verdad y comenzar con nuevas organizaciones políticas que tengan verdaderos representantes, no solo por su honestidad y capacidad, sino porque saben sintonizar con las necesidades de reivindicación de la dignidad del país.

Luchar contra la corrupción no es la responsabilidad exclusiva de una Comisión, a la que por cierto he presentado mis honores, sino que debe ser un imperativo social. Es decir, el reto está en salir de la cultura delegativa y lograr más empoderamiento. Si cada cual se hace cargo, en otras palabras, no se hace de la vista gorda, corta de un tajo la viveza criolla y elimina todo tipo de insinuaciones de coimas, sobornos, etc., el país será otro. No logro entender cómo en un país tan pequeño, de escasos recursos, podemos ser tan permisibles antes la corrupción. Seguramente, no nos duele el país tanto como lo decimos.

Para finalizar y no dar tanta vuelta, basta recordar quiénes escogieron a las autoridades de control del Estado. Respondo: CPCCS. ¿Por qué la famosa Constitución  que debía durar 300 años nació chueca? Respondo. La arquitectura en temas de diseño institucional respondió al fervor de la coyuntura favorable para un solo partido y no para el país a largo plazo. Ecuador requiere cambios drásticos, urgentes e impostergables. Y usted debe dejar la zona de confort y participar.

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