Encuestas: sumar, restar o estancarse

Las encuestas terminan convirtiéndose en el menú favorito para cualquier ciudadano en época electoral. La conversación cotidiana gira alrededor de quien sube, quien baja, quien se estanca, quien debe salir de la competencia. Parecería, entonces, que la realidad se reduce a un conjunto de porcentajes que describen la intención de voto de algunos sectores, pero no de todos. Sin embargo, a las encuestas hay que darles el lugar que ocupan en la campaña electoral, es decir una posibilidad de entender el criterio cuantitativo de un grupo de personas sobre un hecho determinado en un momento concreto. Este criterio puede cambiar de manera drástica en otro momento. Por lo tanto, un hecho extraordinario podría provocar la subida o bajada de algún candidato. En otras palabras, y antes de que se inscriban las candidaturas, nada está dicho.

Esto no supone descalificar las encuestas, pero sí establecer que no explican de manera integral el porqué sobre determinadas respuestas de la gente sobre cosas puntuales, además de que no están exentas de errores, sobre todo si revisamos los últimos resultados en América del Sur, en los cuales los presidentes de Argentina y Perú ganaron con márgenes muy estrechos. Ni qué decir lo de Colombia. Para leer el momento electoral es importante complementar los resultados de las encuestas con investigaciones cualitativas (grupos focales y entrevistas en profundidad). Los resultados de las encuestas se deben leer con cautela, pues hay algunas que solo se realizan en Quito y Guayaquil por su alta concentración demográfica. Tampoco debemos olvidar el tamaño de la muestra, quién contrató el estudio, qué metodología respalda el proceso, cómo se presentan los resultados y qué tipo de resultados se socializan.

Un hecho cierto y coincidente en las encuestas es que el margen de indecisos es muy alto, situación curiosa porque ninguno de los cuatro candidatos con más opciones es nuevo en la política. Por ejemplo, Paco Moncayo está presente y de manera protagónica desde el golpe de estado contra Abdalá Bucaram, Cynthia Viteri es una de las legisladoras con mayor experiencia, Guillermo Lasso compite por segunda ocasión y Lenín Moreno representa el proyecto oficialista de los últimos 10 años. En otras palabras, la población tiene una idea de quien es cada uno de los candidatos, pero daría la impresión que ninguno convence lo suficiente para trazar una tendencia. Por otro lado, y si damos por cierto, a los primeros resultados de las encuestas habría una segunda vuelta debido a que Moreno no le alcanzan los votos. En él hay una caída drástica e inocultable.

Los resultados de las encuestas y el mismo accionar de las alianzas evidencian que no hay un liderazgo nacional, por lo cual los candidatos buscan binomios para equilibrar los votos de la Sierra y la Costa, pero con un grave error, ya que en algunas provincias de las dos regiones la intención de voto está más definida por procesos gubernamentales locales de gran respaldo, en este sentido no se puede desconocer el voto duro del PSC en Guayas y El Oro, solo para poner un ejemplo. Por otra parte, la votación que pueda lograr una alianza para el Ejecutivo no es igual para el Legislativo, sobre todo en las candidaturas provinciales donde se mezcla agua y aceite. Parecería, además, que el Parlamento Andino no es importante o resulta una especie de premio consuelo.

Por otra parte, y pese a que las alianzas se tratan de promocionar como bloques ideológicos, resulta que el ecuatoriano común o votante medio no sufraga por izquierdas o derechas, sino más bien por las ofertas que satisfagan, aunque sea en discurso, sus necesidades y luego buscan cosas concretas. Qué es lo concreto: disminuir el desempleo, mejorar la seguridad, combatir el expendio de droga a los jóvenes, retomar a las libertades mínimas para una democracia como los derechos de expresión, opinión, sexualidad, ocio.

Tampoco creo en los famosos resultados que decretan un triple empate entre Moncayo, Viteri y Lasso, pues eso querría decir que la oposición (excorreístas y anticorreístas) parten de foja cero. Hay que releer las encuestas y sobre todo conversar con el votante medio que pone presidente, asambleístas y parlamentarios. Me da la impresión que los candidatos hasta ahora no articulan un mensaje seductor y convincente.

 

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