Silencio en tiempo electoral

El silencio puede tener más significados que lo evidentemente dicho. Por lo tanto, puede ser más poderoso que el mismo griterío. Es así que el silencio puede entenderse como miedo, apatía, resignación, comodidad, complicidad e, incluso, complacencia o celebración. En este marco de discusión, habría que analizar con cautela y atención la actitud silenciosa que han tenido varios personajes de la política, intelectuales y dirigentes de distintas organizaciones respecto de los nueve años de Gobierno de la revolución ciudadana.

Al respecto, no me dejan de asaltar un montón de dudas como, por ejemplo, la actitud del exvicepresidente Lenín Moreno respecto de la censurable arremetida del Gobierno contra todo tipo de crítica, como si en democracia todos tuviéramos que pensar de igual manera o, lo que es peor, que en democracia solo tienen derecho a expresarse los que ganaron las elecciones. La salida de escape para Moreno fue siempre el humor, pero el humor no resuelve lo esencial y estructural, es decir los elementos de la cultura política de un país. Y ahora tampoco se conoce cuál es su proyecto de país.

Tampoco entiendo, porqué los partidos políticos que volvieron a la escena como la Izquierda Democrática, y su líder histórico, guardaron un silencio sepulcral durante este periodo. Mucho menos se comprende el silencio de quienes defendían los derechos humanos y se hacen los locos con las recomendaciones de las Naciones Unidas en esta materia al Ecuador. Hay también silencio de quienes prefirieron convertirse en consumidores y dejaron su lucha por ser ciudadanos. El silencio se nos llevó casi diez años.

De los intelectuales ni para qué hablar, porque muchos de ellos entraron a su zona de confort y dejaron de lado los ideales que les hicieron “famosos”. Ahora muchos prefieren ser burócratas y tomar el café en su propio despacho, ya no con sus amigos de antaño. Por otro lado, muchos callaron porque siguen confiando en la revolución y otros, porque no quieren perder la chamba. No habrá democracia en una sociedad de silencios y de vistas gordas. La democracia es deliberación por excelencia y festeja las diferencias.

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