Elecciones Ecuador: quién se llevará la medalla

¿Quién se llevará la medalla para Presidente?

Los anuncios de la posible candidatura de Jefferson Pérez, medallista olímpico de Ecuador, a la presidencia de la República, el retorno de varios políticos duchos que ahora refundan partidos y el indescifrable acertijo de los candidatos de la Unidad, así como del Acuerdo Nacional por el Cambio han logrado marear aún más al electorado, antes que esclarecer las opciones como en otras elecciones. Del otro lado pasa lo mismo, la Pame y sus piruetas de lambisconería, los conflictos de Lenin Moreno debido su extraordinaria estadía (beca) en Ginebra o la falta de carisma de Glas, sin perder de vista el papel que seguiría jugando Correa.

De la candidatura de Pérez, no hay otra respuesta que los efectos y resultados que pueden provocar las encuestas en los dirigentes de los partidos, sean noveles o veteranos. Creen que la aceptación de un ciudadano es sinónimo de intención de voto. Error y horror. ¿Para qué, entonces, se trabaja en fortalecer a los partidos, si los candidatos siguen llegando de afuera? Esto no desmerece el baño de autoestima que Pérez logró en todos nosotros. Sin embargo, esta posible candidatura cae en lo que tanto se ha criticado. ¿Por qué no se dedica el zapatero a sus zapatos? O ¿acaso los partidos no tienen cuadros lo suficientemente entrenados? O ¿está en juego la sobrevivencia de algunos partidos?

Respecto del retorno de los dinosaurios, es decir de los partidos tradicionales, hay una serie de variables para analizar: ¿cuánto de real es el relevo generacional?, ¿dónde están los nuevos líderes?, ¿por qué siguen saliendo los mismos de siempre a convencernos de algo que no existe?, ¿acaso se trata de conseguir perfiles muy similares a Borja, Bucaram, Nebot, despersonalizando a los nuevos políticos? Por cierto, esto tampoco desconoce que después de 10 años, estos partidos todavía mantienen una base, que no necesariamente, es igual al número de firmas que entregaron al Consejo Nacional Electoral. Hago esta digresión, ya que las organizaciones políticas presentaron cinco o seis veces el número de firmas para lograr la personería jurídica y resulta que, en muchos casos, ni siquiera la cuarta parte fue calificada. Entonces, número de firmas entregada por los partidos y movimientos no es igual a número de adherentes o militantes.

De alianzas y otros demonios

Las alianzas (Unidad y Acuerdo Nacional por el Cambio) dan cuenta que el sistema político ecuatoriano ha entrado en un terreno desconocido y, mucho menos, exitoso. Si bien, las alianzas demuestran el grado de madurez de las organizaciones políticas en cuanto se someten a un conjunto de renunciamientos personales para lograr objetivos comunes, este escenario ha logrado marear a los votantes antes que esclarecer sus aspiraciones. Poco o nada se comprende, por ejemplo, como Sociedad Patriótica (SP) se junta con la Unidad, liderada por el PSC quien combatió a Lucio Gutiérrez hasta sacarlo del poder. Asimismo, poco o nada se entiende la presencia de Ramiro González, ex ID y exgobiernista, con los detractores del oficialismo. Del otro lado, están las izquierdas de todos los colores y sabores, desde los excorreístas y ahora conversos a la oposición hasta las líneas más radicales de los indígenas. Falta todavía el pronunciamiento de adhesión de la ID al Acuerdo, su apoyo a Paco Moncayo o al medallista. Por cierto, esto no es información nueva, la prensa la ha recogido. También hay un conjunto de exjugadores del correísmo, quienes creen que nos hemos olvidado de todo su protagonismo en el desastre de estos 10 años como los exRuptura,  que ahora buscan la reivindicación desde las filas de la ID. En fin, la memoria puede fallar, pero no nos hemos olvidado del todo las cosas. Está muy claro que la Unidad quiere afianzar y resucitar el otrora poder socialcristiano con nuevos socios, mientras que del otro lado, hay un afán de desinflar al partido de Gobierno que se autodenomina de izquierda y llevarse sus filas.

En solitario corren el hijo del expresidente Abdalá Bucaram, Dalo; quien intenta recuperar el voto popular del PRE en la Costa que en estos 10 años se fue con el correísmo,  el exfiscal de la nación Washington Pesántez que propone la Tercera Vía y el más fuerte, el banquero Guillermo Lasso por CREO que se consolida como un opositor declarado para el oficialismo desde su primera intervención electoral. Lasso es el único que figura en las encuestas como segundo, después de cualquier cuadro de AP. Pero todavía nada está dicho, pues hasta el día de la inscripción de las candidaturas todo es incierto. Por otra parta, las alianzas, así como los partidos y movimientos van configurando el escenario para las elecciones locales, sobre todo en Quito y Cuenca, donde no les va bien a sus alcaldes.

Del otro lado, las cosas se ponen tan o más complejas, porque los acólitos de Correa (AP) se dieron cuenta después de 10 años que un proyecto necesita de varios líderes, no de un caudillo. Y que los líderes no deben ser, necesariamente, quienes guardan las espaldas al caudillo, sino quienes tengan el beneplácito de los militantes y de la población. Esa encrucijada es difícil de resolver, porque los postulantes  carecen de aceptación dentro y fuera. La lista está encabezada por Glas y le sigue Lenin Moreno, quien se guarda muy bien a la distancia y pese a no convencer con sus argumentos respecto del salario que recibe del Gobierno en su maravillosa estadía en Ginebra, lleva ventaja porque no aparece. La estrategia del fantasma le va bien: aparece cuando le da la gana y no dice casi nada. Es decir, no se compromete con nada no nadie. Juega al santo que está guardado en una urna y la gente se acerca a pedirle milagros.

Las paradojas

En un país que no llega a 17 millones de habitantes, siete partidos nacionales y nueve movimientos del mismo alcance intentan llegar al poder para cargos de asamblea y ejecutivo. Y en un país, donde además, el voto no es ideológico, la pregunta que sobresale es la siguiente: ¿qué se hace con tanto partido y movimiento, y, por ende, con tantos candidatos? sobre todo cuando las organizaciones no renuevan a sus líderes, no hay propuestas claras, y los dirigentes juegan al cálculo de las cúpulas. Este debate es muy viejo, pero ahora resulta indispensable, ya que el proceso de recolección de firmas desnudó si hay o no verdadera militancia en los partidos. Por lo general, ninguna agrupación alcanzó la mitad de firmas presentadas como válidas. O ¿acaso, se debe revisar este requisito y establecer nuevas reglas del juego?

De otro lado, más del 50% de la población entrevistada en las encuestas de intención de voto advierte que no hay definición, situación compleja si se advierte que a dos meses los partidos y movimientos deben inscribir las candidaturas. Aquí podemos plantear algunas conjeturas: a) no hay líderes lo suficientemente fuertes, b) no hay una estrategia que escape de la bronca contra Correa, c) todos juegan a las encuestas de última hora, d) no cuajan todavía las alianzas, e) nadie quiere asumir una postura clara, a excepción de Lasso que ya es candidato los últimos cuatro años, pero eso no le garantiza tampoco la victoria.

El discurso populista

No hay que perder de vista que la estrategia de polarización populista tiene la característica de meterle al enemigo a la bronca y desviarle de los temas importantes. Y eso logró el oficialismo en 10 años: todos peleando y pedaleando contra Correa, mientras la oposición debía trabajar en una propuesta alternativa. Mientras eso sucedía, el correísmo afianzaba su nicho electoral en la población beneficiaria de los programas sociales y en quienes llegaron a enaltecer al líder por su carga de transgresión contra los poderes tradicionales, aunque ello sea solo un discurso.

Lo pendiente

Los temas pendientes para el próximo gobierno son: transparentar las reglas en los convenios petroleros con China, la resolución de los juicios internacionales, retomar la inexistente fiscalización, resolver el incremento en el desempleo, transformar la regresividad de los derechos civiles y políticos, investigar las denuncias de casos de corrupción, retomar la independencia de los poderes del Estado… Para algunos beneficiarios de la revolución esto les vale un bledo, porque están felices con las carreteras, el acceso a algunos servicios y el proyecto hipotecario, a costa del silencio con tal que haya trabajito. Muchos docentes universitarios de las universidades públicas, por ejemplo, están contentos con sus salarios, pero con una pérdida salvaje a expresarse. Una pregunta clave a responder es a qué sector de la economía le interesa seguir con el proyecto de Correa, es decir qué grupos económicos crecieron durante esta década.

Y al final de este tramo de la precampaña, quién se llevará la medalla: dos candidatos de la derecha (Unidad y CREO), uno de la izquierda (Acuerdo), uno del populismo (AP) y varios llaneros solitarios. Mientras esto se define, la protesta social se reactiva, la que recordemos fue interrumpida con la llegada del Papa el año pasado, y la relación entre Gobierno y Fuerzas Armadas se tensa aún más.

Necesitamos propuestas de los candidatos y, sobre todo, conocer sus equipos de trabajo. Esta vez, no botes tu voto. Seguimos comentando…

 

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