El maleficio de la reelección

Y ahora, Nicaragua

Tres países de América Latina contemplan la reelección indefinida para presidente y son Nicaragua, Venezuela y Ecuador. Además son miembros de la Alba y los líderes que están al frente de los proyectos políticos se inscriben en el giro a la izquierda, a más de autodenominarse herederos del sueño de Simón Bolívar. En sus discursos, el Imperio es el principal enemigo, se legitiman mediante elecciones periódicas e invierten en materia social gracias al boom de las materias primas y los hidrocarburos, poniendo la satisfacción de las necesidades básicas de la población sobre los derechos y las libertades de opinión, expresión y pensamiento. Los mandatarios concentran los poderes del Estado y las leyes están diseñadas a su medida. En este contexto, populismo y democracia delegativa forman una pareja inevitable.

Daniel Ortega, Hugo Chávez y Rafael Correa gozaban de altos niveles de aceptación en época de bonanza y crisis de la oposición, situación que ahora no  se repite con Nicolás Maduro, ya que es uno de los mandatarios con menos aceptación en la historia de su país, asimismo los índices de Rafael Correa están a la baja y con Daniel Ortega ocurre algo similar por su afán de perpetuidad en el poder. El saldo de la reelección en América Latina no es muy saludable, si se observa las crisis económicas en Argentina y Venezuela, lo mismo se podría decir con la crisis política en Brasil y el descontento popular con Michel Bachelet en Chile. Por lo tanto, la reelección viene de la mano con un maleficio. La idea del poder eterno, parecería que corrompe eternamente.

Para el mes de noviembre se elegirá presidente en Nicaragua, sin embargo el actual mandatario ha negado todas las posibilidades de observación electoral por parte de la OEA, la Unión Europea y el Centro Carter. Incluso, la posibilidad de que un candidato de la oposición entre en escena es muy complicada, porque no hay evidencias de la realización de elecciones libres y competitivas. El expresidente de Costa Rica y premio Nobel de la Paz, Oscar Arias, ha sido muy crítico con la calidad de la democracia de ese país y ha llamado públicamente a expresidentes de otras naciones a redactar un documento en el que se inste al Gobierno para transparentar el proceso electoral.

Al igual que Chávez en su momento, el comandante Ortega defiende su postura bajo el uso de tres criterios: la libre autodeterminación de los pueblos, la defensa de la soberanía y el rechazo a cualquier medida intervencionista, entendidas como el rechazo a cualquier observación electoral de un tercero. Al respecto surgen varias preguntas. Por qué si el proceso electoral de Nicaragua es transparente no se da paso a observadores que le den mayor legitimidad. Cuál es el criterio del oficialismo para cerrar el paso a la oposición si esta no representa ningún peligro para el gobierno. Acaso estas acciones de Ortega traslucen ciertas dudas acerca de su propio liderazgo. En fin, los peligros de la reelección indefinida están otra vez a la vuelta de la esquina.

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Un pensamiento en “El maleficio de la reelección

  1. EDITH RAMIREZ

    Este artículo está lleno de razón, hay quienes desean perpetuarse en el poder como si fueran reyes soberanos, no se dan cuenta que la alternabilidad es buena.

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