Populismo

A nombre del pueblo se puede decir y cometer cualquier barbaridad. Para el populista, el pueblo es la mejor justificación para satisfacer sus intereses personales y también grupales. Sobre todo, porque el pueblo es todo y también es nada, pues en él no hay una cabeza visible, sino la masa, esa mayoría de la población que atraviesa situaciones similares y, por lo tanto, tiene intereses comunes en un momento dado. En este contexto, el líder pretende traducir esas necesidades y para ello actúa, habla, come, baila y canta como esa mayoría, aunque no sea realmente parte de ella. El populista quiere encarnar el pueblo y hace todo lo posible para atraparlo, para robarle su alma.

El populismo entra en escena cuando el pueblo está herido, está bajo en defensas, está desmoralizado, desconfía de todas las instituciones políticas que no le representaron en su momento y está en espera de un mesías que resuelva su estado de crisis y le suba el ánimo, aunque sea con mentiras edulcoradas de buenas e increíbles promesas. Entonces, el líder carismático salta a la cancha como si fuera un voluntario de causas sociales y aplica los primeros auxilios con un discurso popular y que divide a la sociedad en buenos y malos. Buenos son quienes están a favor del pueblo y malos, todos los que le defraudaron y están en contra del populismo.

El populista canta y encanta, aprovechándose de que el pueblo atraviesa un estado de estupor y fatiga. El líder viene a ser una especie de domador de bestias emocionales y canaliza toda esa ira del pueblo en contra de las instituciones, pero con la habilidad de crear más fantasmas de los realmente existen. Así cumple un rol dual. Por una parte, acompaña al pueblo a salir de la terapia intensiva y, por otra parte, hace las veces de vengador hasta convertirse en símbolo heroico.

El populismo aprovecha el momento de crisis, pues siempre ha sido reactivo. No tiene éxito cuando las cosas están bien. Por eso, hay que distinguir entre las condiciones que permiten su ascenso al poder y las verdaderas cualidades del líder. Cualquier parecido a la realidad es una simple coincidencia.

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