De Roldós a Correa

En Ecuador, desde el retorno a la democracia en el año de 1979 hasta la actualidad, solo dos presidentes iniciaron su gestión con niveles muy altos de aprobación, según los registros de la empresa Cedatos: Jaime Roldós y Rafael Correa. Los dos empatan con el 68%. El primero lideró la transición y en las elecciones dejó atrás a políticos como Sixto Durán Ballén y Rodrigo Borja; mientras que el segundo dio el puntillazo final a los partidos políticos que dominaron la escena: ID, DP, PRE y PSC, además de los emergentes PSP y PRIAN.

Las características especiales en el Gobierno de Roldós, le impidieron mantener su aprobación y dejó inesperadamente su mandato con el 44%. Una diferencia con el contexto del 2006 es que en aquel entonces, Ecuador –al igual que muchos países de la región- entraba a la década pérdida, se activó el conflicto histórico con el Perú, se terminó la bonanza petrolera e iniciaba un proceso de endeudamiento externo. Ecuador no supo salir de la pobreza, pese al boom del oro negro de la década pasada. A ello habría que sumar la pugna de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo.

La emergencia de Correa se explica por el declive y desaparición del sistema de partidos que inició en el 2003, la urgencia de nuevos liderazgos que ofertasen un proyecto de reivindicación de los derechos sociales y económicos, el fracaso de las recetas del neoliberalismo en los países que se adscribieron al Consenso de Washington, el fantasma de la crisis bancaria. Sin embargo, al 2006 no hubo crisis económica y, más bien, se abrió el segundo ciclo de bonanza más importante. A diferencia de 1979, el Gobierno logró concentrar el poder y desapareció la pugna de poderes.

Es decir, el liderazgo se explica por los contextos económico, social y político de cada época. Correa mantuvo el mismo nivel de aprobación en ocho años, pero en el último hay una caída drástica mayor a 10 puntos porcentuales, pese a que ha tenido un contexto económico excepcional, control de los poderes del Estado, pero también el fin de la bonanza. Al respecto surge una pregunta: ¿de qué manera la situación económica y política determinan la aprobación de un presidente? Los hechos son evidentes.

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