Voyerismo social: entre el consumismo y la desidia

No me voy a referir al voyerismo desde una entrada psicológica que explica esta conducta como el placer que ciertas personas logran al mirar la desnudez o un acto sexual de “otros” sin que ellas intervengan como protagonistas, pues son observadores. Más bien, me referiré al voyerismo social que la sociedad contemporánea ha introducido en los patrones de consumismo, es decir trataré de responder cómo el sujeto explota el morbo al mirar y ser mirado como si el mundo fuese una gran vitrina de centro comercial y para el efecto tomaré como referencia estas fechas.

La navidad es una época en donde se expresa con mayor potencia el voyerismo social. El consumismo atrapa al sujeto en una burbuja. Su anhelado patrón de identidad es lograr cierto poder adquisitivo que le permita traspasar la vitrina y poseer lo que está ahí, llámense vestidos, objetos de decoración, perfumes, bisutería, relojería y ahora, sin lugar a duda, la tecnología; esa tecnología que le ha convertido en alguien totalmente despersonalizado, pues asume múltiples roles, conductas, posturas y hasta géneros en correspondencia con la red social en la que habita la mayor parte de su tiempo.

Y es que la sociedad del consumo tiene entre sus objetivos convertir al sujeto en un autómata que trata de escalonar socioeconómicamente para satisfacer las necesidades creadas por el mundo del mercado, que bombardea los sentidos con sensaciones de bienestar y placer, bajo el refrán que todo empieza y termina con la compra de cosas, de momentos, de lujos. En este contexto, el voyerismo entra de manera descarnada, porque muestra al mundo por los ojos y, por lo general, crea el límite con un vidrio que indica lo que está dentro y fuera de las vitrinas. Y es ahí donde el sujeto quiere ser o parecer los maniquíes que están dentro del límite.

Este morbo que se produce en las personas hace que la sociedad viva para mirar y se preocupe todo el tiempo por la manera como es mirada, olvidándose de mirarse hacia dentro. El consumismo es como una adicción, difícil de dejar por la censura y el peso del sistema, de ahí el atrevimiento de hablar de voyerismo social.

 

 

 

 

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