Choque cultural

Lo que miramos como atentados en Francia y Siria, asi como el desplazamiento de millones de personas de Oriente a Occidente, resultado de una escalada de violencia y ambiente de guerra en varios países como Irak, Afganistán, Irán y la misma Siria, fue pronosticado por Samuel Huntington en 1993 en el libro “El choque de civilizaciones”, en donde recalca la tesis de que la imposibilidad de diálogo entre el mundo occidental y oriental obedece a profundas diferencias en la manera de comprender, vivir, recrear y habitar el mundo. Pese a que esta tesis tiene atisbos de credibilidad y una rigurosa investigación por medio, sin embargo este libro no alcanzó a explicar la disputa histórica por los recursos naturales por parte de los países de Occidente y sus intervenciones en Oriente para implantar, entre comillas, la democracia liberal.

No se puede soslayar en el análisis que la comprensión del choque cultural se inscribe en una lógica de complejidad por cuanto hay un desconocimiento histórico y mutuo entre los pueblos, se impone la idea de un falso mundo pluricultural, es evidente la resistencia mental de cierta comunidad a nuevas formas de recrear la vida, se recrean formas de populismo en Europa cargadas de xenofobia y ultranacionalismos, tampoco hay intenciones de propender al intercambio cultural en los dos hemisferios y, peor aún, de incluir –por ejemplo- en los pensum de estudios de escuelas, colegios y universidades la historia, geografía, arte, ciencia y técnica de cada cual.

El choque cultural no es nada menor, pues implica un desconocimiento profundo del otro y muchas de las veces insalvable. Eso quiere decir que vivimos con la idea de mirar como sospechoso a cualquiera que no sea parte de nuestra comunidad, porque tiene en su comportamiento, en su cosmovisión y en su hacer diario otros modos, formas y prácticas de vida. Parecería, además, que la idea de hegemonía termina imponiendo los patrones culturales. Pero también termina triunfando aquella cultura que permite un mejor viaje de su idioma, sus saberes, conocimientos, gustos y consumos culturales. Para no ir más lejos, en el cine tenemos a una aplastante industria cinematográfica de Hollywood frente al otro lado de Bollywood, sin perder de vista el cine no comercial y de matiz artístico en algunos países de Europa, Medio Oriente y América Latina.

Por lo tanto, la tesis cultural de Hungtington no es marginal. La idea del sospechoso y de mal vecino está presente, pero se evidencia con más fuerza en unos países antes que en otros; sin embargo el desconocimiento y rechazo al otro no solo se manifiesta porque es diferente en aspectos como el idioma, el color de piel, la estatura y el comportamiento, sino también cuando la comunidad internacional termina etiquetando peyorativamente a los ciudadanos de un país, porque allí se produce droga, se trafica con personas, se alienta el crimen organizado. A ello, habría que añadir la invisibilización de África, pese a los conflictos tribales y de gran escala que no han permitido que su población salga de la miseria. Tesis como la de Daron Acemoglu y James A. Robinson explican este fenómeno por la incapacidad de los gobiernos de ese continente en diseñar y fortalecer las instituciones políticas de la democracia liberal.

Saliendo de la perspectiva cultural y tratando de entender la tesis desde la disputa por los recursos naturales, propongo la siguiente pregunta con matices más contemporáneos: ¿Cómo inició la escalada de violencia en el mundo en los últimos 15 años? Después de la intervención e invasión de los Estados Unidos en Irak en el 2003, debido a un supuesto plan de armas de destrucción masiva, Irak no ha podido a la fecha instaurar un tipo de gobierno que, desde la diferencia de su población (sunitas, chiitas y kurdos), logre la convivencia pacífica y la estabilidad política. A diario hay incursiones militares de varios bandos que no terminan de aceptar la intervención extranjera, el actual gobierno y la posibilidad de dar paso a un Estado de unidad nacional. De la economía, el pronóstico es obvio, una sociedad en crisis.

Lo cierto es que la intervención de los países occidentales en Oriente abrió un contexto de guerra en escaladas inusitadas, bajo nuevas características a las tradicionales, porque ahora no necesariamente se enfrentan unos países contra otros. En la actualidad, se vive lo que se conoce como “la tercera guerra mundial”, porque el escenario es incierto, los enemigos son invisibles, todos pueden tener el mal denominado estatus de sospechosos, no alcanza la tecnología ni las agencias de inteligencia para frenar el terrorismo. Esta guerra no tiene territorio fijo, cuarteles, campos de batalla, porque las bombas pueden explotar en cualquier plaza de Francia o Siria. Pero, detrás de los ataques terroristas hay problemas estructurales como la disputa y defensa por los recursos, sin perder de vista la hegemonía cultural.

*La idea original de este post surgió del editorial que escribí para diario La Hora (Ecuador), el martes 17 de noviembre de 2015.

 

 

 

 

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