El cuento de que no hay líderes

El cuento mal contado

A medida que se acerca el paro nacional, las elucubraciones toman mayor fuerza y saturan lo cotidiano. Aquellos que piensan en el futuro hacen la misma pregunta, que termina convirtiéndose en muletilla cotidiana: “¿quién puede sustituir a Correa?, ¿a quién se le pone si se va Correa?, ¿dónde está el líder que pueda remplazar a Correa?”. A estas preguntas, le sigue un silencio cargado de incertidumbre y niebla. Antes de continuar, debo aclararles que nunca estaré a favor de la interrupción abrupta del mandato de ningún presidente que haya sido electo democráticamente y, peor aún, por fuera del debido proceso. Por otra parte, creo que las personas debemos asumir nuestras decisiones, aun en contextos de tiranía de las mayorías.

De vuelta al análisis. Para responder estas preguntas desgastadas, porosas e, incluso, tendenciosas, debo decir que en estos años, nos trataron de llenar la cabeza con la idea de que el Ecuador carece de líderes, que el Ecuador ya tiene un Mesías, que el Ecuador no necesita de la inteligencia de nadie porque hay un hombre súper inteligente, que el Ecuador fue bendecido por la sapiencia suprema de un superdotado que decidió ser político, que al Ecuador no le faltará nada mientras esté el líder al frente, que el Ecuador no debe pedir cuentas porque el líder sabe manejarlo todo, nadie más que él…

Durante ocho años, la estrategia populista atacó la autoestima de 15 millones de ecuatorianos, tratando de hacernos creer que entre tantos millones de personas no hay un líder que pueda actuar con mejor sentido de las cosas o, mejor dicho, hacer otras cosas que den mejores réditos. Tal fue el golpe a la autoestima, que los mismos miembros de PAIS se creen incapaces de presentar un relevo, son inseguros de demostrar que hay las mentes lúcidas de las que tanto nos hablaron, son mudos cuando carecen de explicaciones acerca de los corazones ardientes que ahora no calientan nada.

En ocho años el mensaje es claro. Solo él puede opinar, solo él tiene la razón, solo él es capaz, solo él es el líder, solo él cuestiona, solo él goza de buenos modales, solo él, solo él, solo él…  A tal punto llegó el cuento que el líder, por sus propias credenciales, mandaba a volar a sus ministros y seguidores en las sabatinas, en esa mezcla de talk show y videopolítica. Entonces, ¿para qué la revolución ciudadana ofrece miles de oportunidades para que la gente estudie posgrados y doctorados, si hay una mente superior a todas?

Por favor… ¿acaso las generaciones actuales y las venideras no tienen el legítimo derecho de asumir su responsabilidad histórica y llevar las riendas del país?, ¿acaso tenemos que cruzarnos de brazos y ver como el líder y sus panas se quedan eternamente y deciden por nuestras vidas?, ¿acaso no hay líderes con niveles superiores de sensatez, gestión, sensibilidad y respeto por los demás?

El cuento de que hay un solo líder, ahora les está pasando la factura a quienes fabricaron ese mensaje que atenta contra la autoestima del pueblo.

 

 

 

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