Estamos distraídos

El descontento social corre el riesgo de caer en la distracción. Y el llamado al diálogo por parte del oficialismo parece que pretende eso: generar distracción frente al desgaste progresivo y acelerado de la credibilidad y aceptación del Gobierno. Sin embargo, evitar la distracción supone identificar con claridad los juegos de palabras y las contradicciones retóricas de la revolución que son amplificadas en los medios públicos e incautados y en las cadenas. Antes decían que el consenso y el diálogo es “política light” y que la confrontación es una característica insustituible de los tiempos de la Segunda Independencia del Buen Vivir, entonces, ¿a qué se debe este giro discursivo y de gestión? ¿O se darían cuenta que el insulto, la descalificación y el uso grosero de la propaganda es un contrasentido de cualquier democracia?

También nos decían que eran imbatibles en las urnas, siguiendo el libreto de la democracia plebiscitaria. Entonces, no entendemos por qué ahora no dan paso a una consulta popular que sí tiene trascendencia. Más del 80% de la población quiere responder en las urnas si está o no de acuerdo con la reelección indefinida para todos los cargos de elección popular. ¿O acaso los resultados anticipados de las encuestas les ha puesto a temblar y prefieren tramitar todo por el Congreso (Asamblea)? Por otra parte, si este Gobierno es tan democrático como se jacta, ¿por qué no da paso a la consulta y es más coherente consigo mismo, y deja de armar el circo como cuando preguntó sobre toros, casinos y gallos?

La distracción puede confundirse con el conjunto de consignas diversas de una oposición fragmentada y de los ciudadanos inconformes en todo el país. Son tantas las demandas de cambio que exige la población, que al no ser debidamente expresadas y canalizadas orgánicamente, el Gobierno puede fragmentar la iniciativa de protesta, tomando tiempo para recomponer lo poco de credibilidad que tiene. No podemos olvidar que una de las características de las marchas previa venida del Papa fue la emergencia de múltiples “representantes coyunturales del pueblo” en las distintas ciudades del Ecuador, pero especialmente en las de mayor concentración demográfica (electoral). Esta situación no debe extrañarnos, porque estamos en la antesala de un año electoral.

Otro aspecto que nos provoca la distracción es el juego que se configura en las redes sociales, en donde adeptos al oficialismo, opositores y ciudadanos que buscan una tercera alternativa se dejan llevar por el chisme, la minucia y el cuento, cuando lo grueso de la discusión está en otras cosas como, la pobre fiscalización de la Asamblea, la estrategia del monopolio de la verdad, la reelección indefinida, el modelo económico rentista del cual no hemos podido salir, la casi inexistente inversión extranjera directa, la creación y funcionamiento de instituciones públicas que buscan la felicidad y el yoga, el futuro de miles de universitarios que se gradúan y no encuentran empleo, el sentido de respeto por el otro, el descubrimiento que hicieron en combatir la corrupción después de ocho años, el manejo de las relaciones internacionales y las libertades, los préstamos a la China, entre otros. Por cierto, no faltarán quienes digan que las carreteras, los puentes, las hidroeléctricas, los hospitales, las escuelas del milenio justifican todo. En este aspecto habría que debatir si la infraestructura y ciertos avances en lo social hacen sostenible el futuro de miles de ecuatorianos que necesitan trabajar y mejorar la calidad de la democracia.

Pese al riesgo de la distracción, sin embargo un buen porcentaje de la población no ha perdido de vista ciertas inconsistencias entre el discurso oficialista y la práctica cotidiana de ciertos funcionarios que utilizan la figura austera de Mujica, pero les encanta el arribismo, estar rodeados de guardaespaldas, montar autos lujosos y ganar en estatus “social” con mansiones gracias a los préstamos hipotecarios. Entonces, se cae el discurso de la sencillez, de la coherencia y, sobre todo, de la idea de igualdad política. Parece que estos funcionarios no tienen ni la más mínima idea del sistema político uruguayo, sería bueno que se instruyan.

En este escenario, se ponen a prueba y en duda varias cosas como la aceptación y credibilidad del líder. Cómo se explica que dos leyes que no afectan ni al 5% de la población pongan en riesgo su capital político, será acaso que la sociedad ecuatoriana está tranquila mientras no es evidente una crisis económica y deja pasar todo. También valdría la pena preguntarse si las marchas y el paro nacional lograrán recomponer a los movimientos sociales y a los gremios o, acaso, la coyuntura sopla a su favor… en fin, que los chismes, los cuentos y las minucias no nos distraigan de la realidad.

… Estamos enlosbordesdelapolitica

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s