La corrupción en tiempos de revolución

El combate contra la corrupción en cualquier Estado es permanente, no fija periodos especiales ni tiene fechas límite. No tiene contemplaciones ni favoritismos. La lucha contra la corrupción no es una moda y, peor aún, únicamente la propuesta política de cualquier sector, partido o movimiento. Es el deber ser de toda la sociedad que tiene como finalidad el bien común. Por eso, nos extraña que después de ocho años de Gobierno, se trate de impulsar la lucha contra la corrupción sobre la base de una denuncia a una partidaria, sin perder de vista que el proceso no llega todavía a sentenciarse.
La corrupción no reconoce segmentos, autoridades o grupos, simplemente se instala cuando la sociedad es permeable a prácticas que maximizan los beneficios de unos pocos, bajo cualquier método en detrimento de los muchos. La corrupción es una sola y comienza en esas prácticas de la viveza criolla en donde el atajo es el mejor camino para obtener réditos, en las aulas cuando los alumnos copian los exámenes, en las tesis cuando se demuestra plagio, en el uso discrecional del dinero público, en la falta de rendición de cuentas. Acerca de las causas se ha dicho innumerables cosas y causas que van desde la instalación de un tipo de cultura hasta el abuso del poder.
Sin embargo, una de las posibles causas que puede auspiciar la corrupción es la concentración de poderes, ya que impide el examen riguroso, permanente y sin compromisos acerca del uso de los fondos públicos, el tráfico de influencias, el abuso de poder, el soborno, el chantaje. Una justicia que no es independiente en cualquier país, es un cáncer para la sociedad porque no administra la ley en función del todo, sino de las partes que están en el manejo del poder. Asimismo, una legislatura que no fiscaliza, simplemente le hace el juego al poder de turno. Por ello, el equilibrio de poderes cierra el paso a la corrupción, pero no es la única vía, ya que si esta forma de ser está adherida a la sociedad, debemos iniciar por recuperar los valores de la honestidad, la transparencia y el respeto. Por lo dicho, debemos hacerle frente a la corrupción.

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