Sumisión y dictadura

A propósito del lenguaje que utiliza la revolución ciudadana y su apropiación simbólica de todo lo que puede ser capitalizado políticamente, se ha llegado a evidenciar como tergiversan los significados de la izquierda y los derechos humanos. Ahora resulta que la “sumisión” y la “dictadura” son favorables para la democracia. Lo primero que debemos decir es que no se trata solo de hablar de democracia, sino también ser demócratas y eso es incompatible con la “sumisión” y la “democracia”. Por cierto, para quienes piensan que la crítica es expresión de sufrimiento, tenemos que manifestarles que si la ciudadanía se cruza de brazos y empieza a aceptar cualquier cosa que dicen, entonces la realidad termina estando patas arriba.

En este mismo contexto, parecería que la idea de fidelidad al proyecto por parte de la militancia de PAIS no reconoce la importancia del lenguaje y el poder de las palabras, asimismo parecería que la propaganda y los trucos de las palabras en coyunturas, sobre todo, críticas subestiman la inteligencia de los ecuatorianos como si no supiéramos diferenciar entre cosas tan claras como la sumisión y la autonomía de acción y pensamiento que tienen las personas. En esta misma coyuntura, parecería que hay una aguda falta de olfato político del Gobierno, pues la reivindicación de la sumisión y la dictadura ocurren cuando hay un descontento de todos los sectores hacia las acciones del oficialismo, hay un clamor popular para que se realice la consulta popular y responder acerca de la reelección indefinida, se observa el resurgimiento de la protesta y movilización sociales, además es explícita la incapacidad de respuesta del Gobierno ante el modelo rentista y la caída de los precios de petróleo, y no deja de aburrir la estrategia del insulto y la descalificación ante la impavidez de los organismos que controlan y regulan la comunicación.

En este mundo del revés, la izquierda revolucionaria (porque así se autodenomina en Ecuador) reivindica palabras como “sumisión” y “dictadura”. Da la impresión que este sector no tiene la más mínima idea de lo que significa un juego de palabras y peor lo que es la izquierda (ideológicamente hablando). Reivindicar palabras como “sumisión” y “dictadura” va en contra no solo de aquella izquierda que lucha precisamente, porque no haya ninguna de las dos cosas, sino también delata la escasa formación política de quienes utilizan estos términos. Pregunta: ¿cómo se puede ser político sin un adecuado manejo del lenguaje?

Hacer un juego de palabras no es cualquier cosa. Requiere de habilidad, pero sobre todo de contextualizar el debate o explicar por qué se introduce algo lúdico en el juego político. Por eso, “sumisión” y “dictadura” no pueden ser patrimonio de ninguna corriente de pensamiento de izquierda. En este sentido, despertar la atención de la gente acerca de estos manejos de lenguaje equivocados, pero sobre todo desbocados de toda lógica, no supone irse fijando por ahí de cualquier tontería, sino más bien de ir develando hasta dónde puede llegar el sin sentido de la denominada lealtad partidista.

Parecería, por otra parte, que bajo la lógica partidista que mira con buenos ojos la “sumisión” de los militantes hacia el líder, el debate es una acción innecesaria, insignificante y carente de todo sentido en la vida de cualquier tienda política. Entonces, en dónde queda ese discurso que pretende sobredimensionar la participación, la democracia radical y el buen vivir, bajo el criterio que debe haber la construcción colectiva de la sociedad en las múltiples esferas de la vida cotidiana. Seguramente, este discurso queda en nada.

Sin embargo, como para todo tienen justificación los revolucionarios, ya dirán que los “sufridores”, la prensa corrupta y la partidocracia están en todo, sin darse cuenta que mientras más se use el Estado para diluir la diversidad de pensamiento y se coarte el pensamiento de sus propios militantes hay menos posibilidades que la población les pueda brindar confianza, credibilidad y aceptación. Vivimos otro momento político.

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Un pensamiento en “Sumisión y dictadura

  1. Fabiola Díaz G

    La palabra sumisión
    sumisión.
    El término SUMISIÓN no debería ser usado en el contexto democrático.
    La Real Academia de la Lengua nos señala:
    SUMISIÓN: (Del lat. submissĭo, -ōnis).
    1. f. Sometimiento de alguien a otra u otras personas.
    2. f. Sometimiento del juicio de alguien al de otra persona.
    3. f. Acatamiento, subordinación manifiesta con palabras o acciones.
    4. f. Der. Acto por el cual alguien se somete a otra jurisdicción, renunciando o
    perdiendo su domicilio y fuero.
    Considero que el someter nuestro juicio al de otros, nos anula como seres humanos integrales, nos impide ejercer nuestro derecho humano a la libertad de expresión, nos minimiza.

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